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AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR.

Por: Manuel González Delgado.

Aunque no se llaman César, nunca mejor dicha esta frase. En este ambiente taurino peruano carente de reconocimientos sinceros por envidia o recelos a quienes hacen una labor o labores trascendentales que aportan o aportaron en diversas épocas para mejorar y cimentar lo ya hecho en el pasado por grandes aficionados, como es el caso de este artículo.

Por ello, pretendemos en estas líneas reconocer a dos aficionados cuya labor en las últimas décadas ha sido y sigue siendo muy importante para que un estamento del escalafón no haya desaparecido por completo y permanezca en la actualidad de una manera formal.

Me estoy refiriendo a José Ignacio Bullard y Enrique Sifuentes, los dos únicos pilares de la ATA de donde se sostiene esta agrupación de toreros aficionados.

En todos estos años casi nunca he escuchado de aficionados celebrar la organización de festivales en Acho o La Esperanza sino todo lo contrario y por si fuera poco exigir, como por ejemplo porque pone a sus amigos, porque tales becerras son para unos y no para otros, porque no me ponen a mí, que este es su negocio, entre otras cosas más revestidas de mucha mezquindad.

Cuestionamientos tan falsos de quienes son incapaces de hacer las cosas por sí mismos y que tengan categoría.

Estoy seguro, que estas líneas le sacarán ronchas a muchos, y eso también es valido porque sustentan al final lo que pretendo decir, pero la realidad a mi juicio, es la que es.

Que distintas serían las cosas si otros se afanaran en competir y hacer cosas tan iguales o mejores.

Alrededor de todo este panorama no lejano de diversas labores de nuestra tauromaquia peruana, gracias a Dios surgen grandes aficionados como José Ignacio Bullard y Enrique Sifuentes a quienes desde este portal queremos rendirles el merecido reconocimiento por todo lo que han hecho y siguen haciendo para que todos disfrutemos fundamentalmente de muchas encerronas y festivales de categoría.

Me asombra realmente ver de dónde sacan tanta energía y afición para todo. La respuesta no puede ser otra que al amor con el cual hacen las cosas.

Es tanta su afición al toreo práctico y su aporte a la fiesta contra la lucha antitaurina que, durante todo el año, creo que torean mas que cualquier figura del toreo -salvando las distancias, claro está- y por si fuera poco en algunos pueblos los piden. Me hacen acordar a aquellas lejanas épocas de los años cuarenta donde los aficionados de “La Legua” viajaban por todo el Perú toreando festivales y cuyas historias he tenido la suerte de escuchar de los mismos protagonistas.

No se necesitan muchas palabras para manifestar lo dicho, ya que sus aportes hablan por sí mismos y eso es más importante que cualquier cosa que se pueda decir.

En resumen, sólo quiero terminar este articulo agradeciéndoles por toda la labor que hacen y estoy seguro seguirán haciendo en beneficio de nuestro Perú taurino.